domingo, 22 de junio de 2008

ESCUDO DE LA FAMILIA CULLEN


Pues como ya la mayoria sabe en la pelicula d crepusculo la familia cullen tiene un simbolo o escudo q los representa, la primera vez q lo vi no lo entendi muy bien pero segun LEXICON estos son los significados:


leon: invencible coraje

mano: promesa d fe,sinceridad y justicia

treboles: perpetuo(que dura para siempre)

angulares: proteccion,constructores u otros q han hecho un trabajo d fiel servicio


Bueno pues eso y a segir pendientes d twilight!! XD

sábado, 21 de junio de 2008

NARCOTICOS


(Este fragmento va despues del corte inical de Bella en casa de los Cullen donde en un principio el corte era más profundo y Carlislie le receta Percocet para el dolor) Me desplomé sobre la almohada, jadeando, con la cabeza dándome vueltas. El brazo ya no dolía, pero no sabía si era debido al efecto calmante que me había provocado el beso. Algo tiró, escurridizo, de los bordes de mi memoria... - Lo siento – dijo, también sin aliento -. Eso es pasarse de la raya. Para mi propia sorpresa, me reí tontamente. - Qué gracioso – farfullé, y solté otra risita tonta. Él frunció el ceño en la oscuridad. Parecía serio. Era para morirse de risa. Me tapé la boca para amortiguar la risa que Charlie habría oído. - Bella, ¿nunca has tomado Percocet antes? - No creo – me reí tontamente de nuevo - ¿Por qué? Entornó los ojos, y no pude parar de reír. - ¿Cómo está tu brazo? - No puedo sentirlo. ¿Está ahí todavía? Suspiró cuando me reí de nuevo. - Intenta dormir, Bella. - No, quiero que me beses otra vez. - Estás sobreestimando mi autocontrol. Me reí por lo bajo. - ¿Qué te tienta más, mi sangre o mi cuerpo? – mi pregunta me hizo reír. - Hay un empate – sonrió abiertamente a pesar de sí mismo -. Nunca te he visto colocada. Eres muy divertida. - No estoy colocada – intenté contener las risitas tontas para probarlo. - Duerme hasta que se te pase – sugirió. Comprendí que me estaba poniendo en ridículo, lo cual no era raro, pero aún era embarazoso, así que seguí su consejo. Puse mi cabeza en su hombro de nuevo y cerré los ojos. De vez en cuando se me escapaba otra risita histérica. Pero eso se hizo más infrecuente a medida que las drogas me adormecían hacia la inconsciencia. * * * Me sentía realmente fatal por la mañana. Mi brazo quemaba, y me dolía la cabeza. Edward dijo que yo tenía resaca, y me recomendó Tylenol bastante más que Percocet antes de besar mi frente con indiferencia y sumergirse fuera de mi ventana. No pude aliviar mi presentimiento de que la expresión de su cara era lejana y afable. Estaba algo preocupada por las conclusiones a las que él podría haber llegado durante la noche mientras me veía dormir. La ansiedad parecía aumentar la intensidad de los fuertes latidos de mi cabeza. Tomé una doble dosis de Tylenol, tirando el pequeño frasco de Percocet en la papelera del baño.

RESUMEN DESD EL PUNTO D VISTA D JACOB


Hay un vampiro cerca. Primero piensas que es la pelirroja, y supones que ha usado la distracción de la muerte de Harry para entrar furtivamente. No estás seguro de dónde está o si está observando. Tienes miedo de transformarte y cazarla, en caso de que te rodee mientras la estás siguiendo. Decides que el mejor plan es llevar a Bella de vuelta a La Push, dejar a Embry con ella, y cazar a la pelirroja con Sam. Aunque algo no está bien. El olor está apagado. Es un vampiro, obviamente, pero no el mismo cuyo olor ha estado quemando tu nariz durante la última semana. Antes de que puedas darte cuenta, Bella te está diciendo que pares. Su rostro se enciende más brillante de lo que habías podido ver desde el día que vino buscándote, toda destrozada. Ella piensa que los Cullen han regresado, y el coche brillante aparcado junto a su casa sostiene esa teoría. Su entusiasmo te enferma. Todo lo que ella quiere es ir al encuentro del vampiro, como si ella no fuese parte de su dieta. Estás furioso. Te resulta difícil calmarte. Está claro que tendrás que llevártela a la fuerza si quieres impedirle que entre. Ella parece convencida de que son sus vampiros. Ella ya se ha ido –mentalmente, está a un millón de millas de ti. Y tú tienes tus responsabilidades. La pandilla ha estado ignorando completamente los límites del tratado desde la marcha de los Cullen. No puedes dejar que tus hermanos se metan en problemas, ahora que sabes que los Cullen han vuelto. Odias dejarla allí, y estás tan enfadado porque eso es lo que ella quiere. El futuro que parecía tan esperanzador hace unos segundos se desmenuzada en nada. ¿La trae sin cuidado que la abandonaran? ¿No importa eso? Nunca ha expresado ningún enfado hacia ellos por lo que la hicieron. Supones que nunca sintió tal enfado. Ella acepta lo que hicieron sin cuestionarlo. Necesitas irte, porque no vas a ser capaz de controlarte durante mucho más. Puedes sentir la furia creciendo. La dejas sola ahí en la calle, deseando más que nada que ella te llamará luego, que cambiará de opinión. Pero no lo hace. Correas al hospital, y luego das la vuelta. El enfado ha disminuido un poco, y de nuevo estás agobiado por su seguridad. Llamas, y ella responde. Es cierto. Los Cullen han vuelto, y ella elige a los vampiros antes que a ti. Es una mala noche para los lobos Quileute. Sam establece de nuevo las líneas de patrulla así que sólo se están protegiendo las millas cuadradas de la reserva. Sam no quiere dejar ningún agujero –puede haber media docena de vampiros ahí fuera, y sus intenciones no son claras. Te preocupas por Bella y la pelirroja, pero Sam habla de dejar a los Cullen encargarse de lo suyo. Detestas la idea de Bella perteneciéndoles a ellos. El día pasa. Ningún intento de cruzar la línea. Billy llama a Charlie, y parece que sólo uno de los Cullen ha regresado, y que está con ellos. Esto te saca de tus casillas. Esto afecta a Sam -¿cuál es la nueva política? ¿Siguen las fronteras en vigor? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Están regresando los demás? ¿Están al tanto de lo de la pelirroja? ¿La consideran bajo la protección de su tratado? Si es así, el tratado está roto. Y si no van a conducirla fuera, la pandilla les considerará junto con ella. Sam, Billy y el viejo Quil discuten la posibilidad de una guerra… Pero primero Sam quiere información –intentar mantenerlo de modo civilizado todo el tiempo que sea posible- y te presentas voluntario para el trabajo. Insistes en ir en persona. Necesitas ver su cara, ver cuan profundamente está ella implicada. Dices a Sam que obtendrás la verdad mejor en persona, porque serás capaz de decir si está mintiendo. No le estás engañando con tus motivos, pero estás viendo que suena a obligado. Vas durante el funeral, de modo que podrás hablar con ella honestamente, sin posibilidad de Charlie interrumpiendo. Jared y Embry no quieren dejarte ahí solo, incluso cuando estás seguro de que el vampiro se ha ido por el momento. Sabes que se mantendrán cerca, pero no les quieres escuchando. Quieres ser capaz de hablar francamente con Bella, pero es todo lo que puedes hacer para mantener la calma. Su casa huele –te quema la nariz. El olor del vampiro la rodea. Ambos estáis un poco hostiles, pero ella responde tus preguntas. La Cullen sólo está de visita. Te dices a ti mismo que todo volverá a la normalidad cuando la vampiro se vaya de nuevo. No puedes obligarte a marcharte. Puedes ver que la has herido, y te vuelves para encontrarla llorando. Te sientes peor, y mejor. Mejor porque al menos se preocupa tanto por ti. Está llorando por ti. Eso ya es algo. Eres capaz de conversar ahora, pero cuesta. Ella los ama. Los que la dañaron –los ama. Le importas, también, pero no tanto. Encima, la vampiro está llegando de nuevo… Estás confundido, no estás seguro de cómo sentirte. La sostienes en tus brazos, y es como era antes –como debería ser. Tomas su rostro en tu mano, y de repente quieres besarla más que nada en el mundo. No es como lo habías planeado –mal momento con la vampiro rondando alrededor por alguna lugar. Pero también piensas que tal vez es así como debe ser. Tal vez ella sentirá eso. Ves el conflicto en sus ojos, y te preguntas hacia que lado se decantará cuando tus labios toquen los suyos. El teléfono suena en este inoportuno momento, y lo respondes. ¿Qué otra opción tienes? Puede ser Sam, puede haber problemas. Escuchas el claro y musical tono de voz con el suave acento inglés, y sabes quién es con la primera palabra. Otro de ellos. Quizás Bella estaba equivocada respecto al regreso de los demás. Quizás estaba mintiendo. Bella está enfadada de nuevo cuando el vampiro te cuelga. Antes de que te despejes, hueles la fresca quemadura de la aproximación de un vampiro. Oyes el débil sonido del casi silencioso acercamiento de la vampiro. Intentas irte, pero el olor es más fuerte delante de la estancia. Antes de que puedas salir, la chupasangre está aquí. Es sólo una minúscula chica, pero después de que Bella te contara lo de los vampiros con talentos extra, no estás por bajar la guardia. Aunque ella no te presta atención. Ella parece ausente de su entorno, turbada por algo. Bella llama a su Alice. Alice nombra a Edward una vez, y Bella se arruga. ¿La ha dañado la vampiro? No has visto nada. Pero te lanzas hacia delante para agarrar a Bella antes de que la vampiro pueda tocarla, y separarla. La pequeña vampiro parece muy trastornada, y esto te sorprende. No te habías percatado de que ellos tenían muchas emociones. Estás impresionado y sorprendido de lo cómodas que parecen Bella y Alice conversando entre ellas. Eras capaz de pensar que la vampiro no podría tocar humanos de esa manera sin herirlos. Y Bella está tan natural con Alice –capaz de interactuar con ella como si Alice fuera humana. Bella parece verla de ese modo –como una persona, incluso. La conversación es difícil de seguir. Te enteras de que Edward Cullen está en alguna clase de problema y es por culpa de alguien llamado Rosalie. Bella está gritando y luego exigiendo ayudar, y la pequeña vampiro va a dejarla intentarlo, aunque tiene claro que es una misión suicida.

CALCULO ERRONEO(DED EL PUNTO D VISTA D ROSALIE)


Un minúsculo sonido –no aquí, sino a unas cien yardas al norte- me hizo saltar. Mi mano se aferró automáticamente al teléfono, cerrándolo y ocultándolo de la visión en el mismo movimiento. Coloqué mi pelo sobre mi hombro de un tirón y eché una ojeada furtiva al bosque través de las altas ventanas. El día era oscuro, nublado; mi propio reflejo era más brillante que los árboles y las nubes. Miré fijamente mis ojos anchos y asustados, mis labios curvados hacia abajo, el pequeño pliegue vertical de mi frente... Fruncí el ceño, cambiando la expresión de culpabilidad por una de desprecio. Atractivo desprecio. Distraída, observé cómo una fiera expresión satisfizo mi cara, haciendo un contraste agradable con el oro de mis gruesos rizos. De la misma manera, mis ojos exploraron el vacío bosque de Alaska, y me hicieron ver que aún estaba sola. El sonido no había sido nada, un pájaro o la brisa. No hay necesidad de aliviarse, me dije. No hay por qué disculparse. No he hecho nada malo. ¿Estaban los otros planeando no decirle nunca la verdad a Edward? ¿Dejarlo revolcarse en la angustia para siempre en los tugurios repugnantes, mientras que Esme se afligía y Carlisle conjeturaba cada una de sus decisiones, y la alegría natural de Emmett desaparecía lentamente en soledad? ¿Era eso justo? Además, no había manera de guardar secretos a Edward a largo plazo. Antes o después él vendría a vernos, a ver a Alice o Carlisle por alguna razón, y luego habría descubierto la verdad. ¿Iba a darnos las gracias por mentirle con nuestro silencio? Difícilmente. Edward siempre tuvo que saberlo todo; él vive para este sentido del saber. Él habría tenido una gran rabieta, y se habría enfadado mucho solamente por el hecho de que le hubiéramos escondido la muerte de Bella. Cuando se calme y deje atrás este lío, probablemente me dé las gracias por ser la única lo bastante valiente para ser honesta con él. Millas a lo lejos, un halcón graznó; el sonido me hizo saltar y mirar a la ventana de nuevo. Mi cara adoptó la misma expresión culpable de antes y me lancé a mi misma una mirada de ira en el cristal. Muy bien, así que yo tenía mi propio orden del día. ¿Era tan malo querer que mi familia estuviera unida de nuevo? ¿Era tan egoísta echar de menos la paz de cada día, la felicidad anterior que me habían concedido, la felicidad que Edward parecía haberse llevado con él en su vuelo? Yo sólo quería que las cosas fueran como antes. ¿Era tan malo? No parecía tan horrible. Después de todo, yo no había hecho esto sólo para mí, sino para todos. Esme, y Carlisle, y Emmett. No tanto para Alice, aunque yo lo habría asumido... Pero Alice había estado segura de que las cosas se resolverían al final –que Edward iba a ser incapaz de permanecer alejado de su pequeña novia humana- así que ella no había estado incómoda por el luto. Alice siempre ha funcionado en un mundo diferente al del resto de nosotros, encerrada en su realidad siempre cambiante. Desde entonces Edward fue el único que podría participar en esa realidad. Había pensado que su ausencia sería más dura para ella. Pero ella estaba segura como siempre, viviendo el futuro, con su mente en un tiempo que su cuerpo no había alcanzado todavía. Siempre tan tranquila. Ella había sido frenética y valiente cuando vio a Bella saltar aunque... ¿Había sido yo demasiado impaciente? ¿Había actuado demasiado pronto? Puede ser también que haya sido honesta conmigo misma, porque Edward vería cada poquito de mezquindad en mi decisión tan pronto como volviera a casa. Podía también reconocer mis malos motivos, aceptarlos ahora. Sí, estaba celosa por la manera en que Alice trataba a Bella. ¿Habría corrido Alice tan precipitadamente si me hubiera visto a mí saltar desde un acantilado? ¿Había amado a aquella banal muchacha humana más que a mí? Pero esos celos eran algo insignificante. Esto podría haber apresurado mi decisión, pero no controlarla. Habría llamado a Edward de todos modos. Estaba segura de que él preferiría mi honestidad directa y franca sobre el engaño más amable de otros. Su bondad estaba condenada desde principio; Edward habría venido a casa finalmente. Y ahora él podría venir a casa más pronto. No era solamente la alegría de mi familia lo que añoraba. Francamente también echaba de menos Edward. Echaba de menos sus comentarios, su sarcasmo que congeniaba más con mi propio sentido negro del humor que la naturaleza chistosa y soleada de Emmett. Echaba de menos la música –su estéreo atronador, su último descubrimiento independiente y el piano, el sonido que teje sus pensamientos por lo general remotos en la transparencia de las canciones de Edward. Lo echaba de menos tarareando en el garaje a mi lado mientras poníamos a punto los coches, el único momento en que nosotros estábamos perfectamente sincronizados. Echaba de menos a mi hermano. Seguramente él no me juzgaría demasiado duramente cuando viera esto en mis pensamientos. Esto sería incómodo durante un tiempo, lo sabía. Pero cuanto antes volviera a casa, antes podríamos volver a la normalidad de nuevo... Registré mi mente en busca de algún tipo de dolor por Bella, y estuve encantada de descubrir que realmente me afligí por la muchacha. Un poco. Ella había hecho feliz a Edward como no lo había visto antes. Por supuesto, ella también le hizo más miserable que ninguna otra cosa en su siglo de vida. Pero yo echaría de menos la paz que ella le había dado en esos cortos meses. Yo podría realmente lamentar su pérdida. Este conocimiento me hizo sentir mejor conmigo misma, complacida. Sonreí a mi rostro en el cristal, enmarcándolo de nuevo en mi pelo dorado y las paredes rojas de cedro del salón largo y acogedor de Tanya, y disfrutando de la visión. Cuando sonreía, no había ninguna mujer u hombre en este planeta, mortal o inmortal, que pudiera competir conmigo en belleza. Era un pensamiento confortable. Quizás yo no era la persona más fácil con quien vivir. Quizás yo era superficial y egoísta. Quizás yo habría desarrollado un carácter mejor si hubiera nacido con una cara poco atractiva y un cuerpo aburrido. Quizás habría sido más feliz de esa manera. Pero eso era imposible de probar. Yo tenía mi belleza; era algo con lo que podía contar. Ensanché mi sonrisa. El teléfono sonó y automáticamente mi mano se tensó, aunque el sonido procedía de la cocina y no de mi puño. Supe en seguida que era Edward. Llamaría para comprobar la información que le di. Él no habría confiado en mí. Aparentemente me vio lo bastante cruel para gastarle una broma sobre esto. Fruncí el ceño mientras revoloteaba a la cocina para contestar al teléfono de Tanya. El teléfono estaba muy al borde del largo y obstaculizador mostrador de carnicero. Lo atrapé antes de que el primer pitido cesara, y me giré hacia las puertas francesas cuando contesté. No quería admitirlo, pero sabía que miraba afuera por si regresaban Emmett y Jasper. No quería que me oyeran hablar con Edward. Se enfurecerían... - ¿Sí? – pregunté. - Rose, necesito hablar con Carlisle ahora mismo – Alice habló bruscamente. - ¡Oh, Alice! Carlisle está cazando. ¿Qué...? - Bien, pero que me llame en cuanto llegue. - ¿Qué pasa? Lo detectaré enseguida y haré que te llame... - No – Alice interrumpió de nuevo -, habré tomado un vuelo. Oye, ¿sabes algo de Edward? Sentí mi estómago retorcerse, pareció caerse más abajo en mi abdomen. El sentimiento trajo consigo una extraña sensación de déjà vu, una indirecta débil de una memoria humana perdida durante mucho tiempo. Náuseas... - Bien... Sí, Alice. Ahora. He hablado con Edward. Hace tan solo unos minutos –por un instante barajé la idea de fingir que Edward me había llamado a mí, una simple coincidencia. Pero por supuesto no había razón para mentir. Edward iba a darme bastantes problemas cuando regresara a casa. Mi estómago continuó apretando de manera extraña, pero lo ignoré. Decidí mostrarme enfadada. Así Alice no me hablaría bruscamente. Edward no quería mentiras; él quería la verdad. Él me apoyaría en eso cuando volviera a casa. - Tú y Carlisle estabais equivocados – dije -. Edward no apreciaría la mentira. Él quería la verdad. La quería. Así que se la di. Le llamé... le llamé muchas veces – admití -. Hasta que lo cogió. Un mensaje podría haber sido... equivocado. - ¿Por qué? – Alice jadeó - ¿Por qué lo has hecho, Rosalie? - Porque cuanto antes dejara esto, antes volveríamos a la normalidad. El tiempo no facilitaba las cosas, así que ¿por qué aplazarlo? El tiempo no iba a cambiar nada. Bella está muerta. Edward se afligirá, y luego lo olvidará. Mejor que empiece ahora que más tarde. - En fin, te has equivocado en ambos casos, aunque, Rosalie, era fácil suponer que iba a ser un problema, ¿a que sí? – Alice preguntó en un tono violento y cruel. ¿Equivocada en ambos casos? Parpadeé con rapidez, intentando comprender. - ¿Bella aún está viva? – susurré, sin creer las palabras. Sólo intentaba comprender a qué casos se refería Alice. - Sí, exacto. Ella se encuentra perfectamente... - ¿¿Perfectamente?? ¡La viste saltar desde un acantilado! - Me equivoqué. Las palabras sonaron extrañas en la voz de Alice. Alice, quien nunca se equivocaba, nada la pillaba por sorpresa... - ¿Cómo? – susurré. - Es una larga historia. Alice estaba equivocada. Bella estaba viva. Y yo había dicho... - Bien, tú has cometido un error – gruñí, convirtiendo mi disgusto en acusación -. Edward estará furioso cuando llegue a casa. - Pero en eso también te equivocas – dijo Alice. Podría decir que estaba hablando entre dientes -. Esa es la razón por la que llamo... - ¿En qué? ¿En que Edward va a volver a casa? Por supuesto que lo hará – me reí burlona - ¿Qué? ¿Piensas que va a actuar como Romeo? ¡Ja! Algo estúpido, romántico... - Sí – Alice siseó, su voz era como el hielo -, eso es exactamente lo que vi. La dura convicción de sus palabras me hizo sentir mis rodillas extrañamente inestables. Agarré una viga de madera de cedro como soporte, un soporte que mi cuerpo, duro como el diamante, no podría necesitar – No. Él no es tan estúpido. Él... él debe hacer que... Pero no pude terminar la frase, porque yo pude ver en mi mente mi propia visión. Una visión de mí misma. Una impensable visión de mi vida si por alguna razón Emmett dejara de existir. Me estremecí sólo de pensarlo. No, no había comparación. Bella era sólo una humana. Edward no quería hacerla inmortal, así que no era lo mismo. ¡Edward no podía sentir lo mismo! - Yo... yo no pensé así, Alice. ¡Yo sólo quería que él volviera a casa! – mi voz era casi un aullido. - Es un poco tarde para eso, Rose – dijo Alice, más dura y fría que antes -. Guárdate tu remordimiento para quien te crea. Hubo un clic, y luego un pitido. - No – susurré. Sacudí mi cabeza lentamente por un momento -. Edward tiene que volver a casa. Miré mi cara en el panel de cristal de la puerta francesa, pero ya no pude verla más. Era sólo una mancha amorfa de blanco y dorado. Luego, a través de la mancha, muy lejos en los bosques distantes, un enorme árbol se tambaleó peligrosamente, perdiendo la sincronía con el resto del bosque. Emmett. Tiré de la puerta para apartarla de mi camino. Se cerró bruscamente dando un golpe en la pared, pero el sonido estaba lejos detrás de mí cuando me sumergí en el verde corriendo a gran velocidad. - ¡Emmett! – grité - ¡Emmett, ayúdame!

LUNA NUEVA: LLAMADA D ROSALIE A EDWARD (DESDE EL PUNTO D VISTA D EL)


El móvil de mi bolsillo sonó de nuevo. Era ya la vigésimo quinta vez que sonaba en veinticuatro horas. Barajé la opción de levantar la tapa para ver al menos quién trataba de contactar conmigo. Tal vez se trataba de algo importante. A lo mejor Carlisle me necesitaba. Reflexioné un rato sobre ello, pero no me moví. No estaba realmente seguro de dónde estaba. En algún ático oscuro y claustrofóbico, lleno de ratas y arañas. Las arañas me ignoraban, y las ratas se mantenían a cierta distancia de mí. El aire era denso, con un fuerte aroma a aceite de cocina, carne rancia, sudor humano, y la prácticamente sólida capa de polución que era de hecho visible en el aire húmedo, como una fina película negra que se había depositado encima de todo. Debajo de mí, cuatro historias de una vivienda modesta convivían conmigo, formando parte de mí. No me molestaba en separar sus voces de mis pensamientos – producían un fuerte clamor en español que no escuchaba. Tan sólo dejaba que los sonidos me entraran por un oído y me salieran por el otro. Insignificante. Todo ello era insignificante. Mi propia existencia era insignificante. El mundo entero era insignificante. Con mi frente presionada contra mis rodillas, me pregunté cuánto tiempo sería capaz de seguir así. A lo mejor era inútil. A lo mejor, si mi intento estaba condenado al fracaso de todas maneras, debería dejar de torturarme y volver… La idea era tan tentadora, tan saludable – como si las palabras por sí solas contuvieran un fuerte sedante que borrara la montaña de dolor debajo de la que estaba enterrado – que me hacía jadear, me mareaba. Podría dejarlo ahora, podría volver. La cara de Bella, siempre tras de mis párpados, me sonreía. Era una sonrisa de bienvenida, de perdón, pero no ejercía la influencia que mi subconsciente probablemente intentaba darle. Desde luego que no podía volver. ¿Qué era mi dolor, después de todo, en comparación con su felicidad? Ella debería ser capaz de sonreír, libre de cualquier tipo de miedo o peligro. Libre de un futuro eterno y desangelado. Ella se merecía algo mejor que eso. Ella se merecía algo mejor que yo. Cuando dejara este mundo, iría a ese lugar que tan prohibido estaba para mí, sin importar mi conducta en este mundo. La idea de ese final definitivo era mucho más intensa que el dolor que ya sentía. Mi cuerpo temblaba sólo de pensarlo. Cuando Bella tuviera que irse al lugar al que pertenecía y al que yo nunca podría ir, yo no podría quedarme atrás. Tiene que haber olvido. Tiene que haber alivio. Esa era mi esperanza, pero no había garantías. “Dormir o, incluso, soñar. Ay, siempre igual” me dije. Incluso aunque no fuera más que cenizas, ¿de alguna manera seguiría sintiendo la tortura de su pérdida? Un escalofrío me recorrió la espalda de nuevo. ¡Maldita sea! Lo había prometido. Le había prometido que no volvería a atormentar su vida de nuevo, trayendo mis oscuros demonios a ella. No iba a volver a su mundo. ¿Podría reportarle algún bien? ¿Cualquier mínimo bien? La idea de volver al pequeño y permanente nublado pueblecito que siempre sería mi verdadero hogar en este planeta volvió a colarse en mis pensamientos de nuevo. Sólo para asegurarse. Sólo para ver que ella estaba bien, segura y feliz. No para intervenir. Ella nunca se enteraría… No. Mierda, no. El móvil vibró de nuevo. “Mierda, mierda, mierda”, gruñí. Podría aprovechar la distracción, supuse. Abrí el móvil, observé los números, dándome el primer susto que había sentido en seis meses. ¿Por qué estaría Rosalie llamándome? Ella sería probablemente la que más se estaba divirtiendo con mi ausencia. Debía de tratarse de algo realmente importante si ella necesitaba hablar conmigo. De repente empecé a preocuparme por mi familia y apreté el botón de llamada. “¿Qué?, le pregunté muy tenso. “Oh, wow. Edward me ha respondido al teléfono. Me siento tan honrada…” Tan pronto como oí su tono de voz, supe que mi familia estaba bien. Debía de estar muy aburrida. Resultaba difícil adivinar sus motivos sin tener sus pensamientos como guía. Rosalie nunca había tenido mucho sentido para mí. Sus impulsos estaban normalmente basados en los más retorcidos sentidos de la lógica. Colgué y cerré el móvil bruscamente. “Déjame en paz”, susurré para mí mismo. Como era de esperar, el móvil volvió a sonar de nuevo. ¿Seguiría llamándome hasta que le pasara a otro el mensaje con el que tenía planeado molestarme? Probablemente. Pasarían meses hasta que se sintiera cansada de este juego. Barajé la posibilidad de dejar que se pasara el resto del año apretando una y otra vez el botón de rellamada… y entonces suspiré y respondí al teléfono otra vez. “Ve directa al grano.” Rosalie me lanzó de sopetón las palabras: “Supuse que te gustaría saber que Alice está ahora mismo en Forks.” Abrí los ojos y me quedé mirando fijamente a las vigas de madera podrida a tres pulgadas de mi cara. “¿Qué?” Mi voz era llana, sin emociones. “Sabes como es Alice – Como si ella lo supiera todo. Como tú” Rosalie se rió sin gracia. Su voz tenía un deje de nerviosismo, como si de repente no estuviera del todo segura sobre lo que iba a hacer. Pero mi rabia hizo difícil que me preocupara qué problema tenía Rosalie. Alice me había jurado que seguiría mi iniciativa por respeto a Bella, sin importar si estaba de acuerdo o no con mi decisión. Ella había prometido que dejaría a Bella sola… tanto tiempo como yo lo hiciese. Claramente, había pensado que tarde o temprano me doblegaría al dolor. A lo mejor tenía razón respecto a eso. Pero no lo había hecho. No aún. Así que, ¿qué estaba haciendo en Forks? Quería estrujar su cuello tan delgado. Seguramente Jasper no me dejaría acercarme tanto a ella, aunque una vez que captara un atisbo de la furia que manaba de mí… “¿Sigues ahí, Edward?” No respondí. Apreté el puente de mi nariz, preguntándome si era posible que un vampiro tuviera migrañas. Por otro lado, si Alice ya había vuelto… No. No. No. No. Había hecho una promesa. Bella se merecía una vida. Había hecho una promesa. Bella se merecía una vida. Me repetí estas palabras como un mantra, tratando de apartar mi mente de la seductora imagen de la ventana oscura de la habitación de Bella; la puerta a mi santuario. No había duda de que tendría que arrastrarme, si volvía. Eso no me importaba. Podría felizmente pasarme una década entera de rodillas si estuviera con ella. No, no, no. “¿Edward? ¿No te importa siquiera por qué Alice ha ido allí?” “No precisamente.” La voz de Rosalie se volvió ligeramente pagada de sí misma, encantada, sin duda, de haberme sonsacado una respuesta. “Bueno, desde luego, no está rompiendo exactamente las reglas. Quiero decir, bueno, en realidad nos dijiste que nos mantuviéramos lejos de Bella, ¿no? El resto de Forks no importa”. Parpadeé muy despacio. ¿Bella se había ido? Mis pensamientos rondaban alrededor de esa idea tan inesperada. Aún no se había graduado, así que debía de haber vuelto con su madre. Eso era bueno. Podría vivir a la luz del sol. Era bueno que hubiera sido capaz de dejar las sombras tras de sí. Traté de tragar, pero no pude. Rosalie soltó una risita nerviosa. “Así que no tienes por qué estar enfadado con Alice” “Entonces, ¿por qué me has llamado Rosalie, si era para meter a Alice en líos? ¿Por qué me molestas? Ugh!” “¡Espera!”, dijo, sintiendo, correctamente, que podía volver a colgarle de nuevo. “¡Esa no es la razón por la que te he llamado!” “¿Entonces por qué? Dímelo rápido y déjame en paz.” “Bueno…”, dudó. “Suéltalo de una vez, Rosalie. Tienes diez segundos.” “Pensé que deberías volver a casa”, dijo rápidamente. “Estoy cansada de aguantar a Esme afligida todo el tiempo a Carlisle sin reírse. Deberías sentirte avergonzado de de lo que les has hecho. Emmett te echa de menos todo el rato y me pone nerviosísima. Tienes una familia. Crece de una vez y piensa en algo más que en ti mismo.” “Interesante consejo, Rosalie. Deja que te cuente una pequeña historia de una olla y una tetera… (Supongo que se trata de una fábula popular o algo así) “Yo pienso en ellos, no como tú. Si no reimporta cuánto daño les has hecho a los demás, ¿al menos de importa lo que ha sufrido Esme? Ella te quiere más que le resto de nosotros, y lo sabes. Vuelve a casa.” No respondí. “Pensé que una vez que todo esto de Forks hubiera terminado, te repondrías.” “Forks nunca fue el problema, Rosalie”, dije tratando de ser paciente. Lo que había dicho de Esme y Carlisle me había calado hondo. “Sólo porque Bella – era duro decir su nombre en voz alta – se haya mudado a Florida, no significa que yo sea capaz de… Mira, Rosalie. Lo siento de verdad, pero, créeme, nadie se sentiría más feliz si yo estuviera allí.” “Mmm…” Ahí estaba, esa nerviosa vacilación de nuevo. “¿Qué es lo que no me estás contando, Rosalie? ¿Se encuentra Esme bien? ¿Es Carlisle…?” “Ellos están bien. Es sólo que… bueno, yo nunca dije que Bella se hubiese mudado.” No hablé. Desaté una conversación en mi cabeza. Sí, Rosalie había dicho que Bella se había mudado. Había dicho: “En realidad nos dijiste que nos mantuviéramos lejos de Bella, ¿no? El resto de Forks no importa”. Y luego: “Pensé que una vez que todo esto de Forks hubiera terminado…” Así que Bella no estaba en Forks. ¿Qué quería decir entonces? ¿Bella no se había mudado? Entonces Rosalie volvió a hablar rápidamente, soltando las palabras enojada esta vez. “No quieren que te lo diga, pero me parece estúpido. Cuanto antes te repongas de esto, antes las cosas volverán a la normalidad. ¿Por qué dejar que te deprimas por oscuras esquinas de todo el mundo sin necesidad para ello? Puedes volver a casa ahora. Podemos volver a ser una familia de nuevo. Se acabó.” Mi mente parecía rota. No encontraba sentido a sus palabras. Parecía como si hubiera algo muy, muy obvio en lo que me decía, pero no tenía ni idea de lo que era. Mi cerebro barajaba la información, buscando extraños enlaces entre ella. No tenía sentido. “¿Edward?” “No entiendo lo que dices, Rosalie.” Hubo una larga pausa, equivalente a varios latidos del corazón de un humano. “Está muerta, Edward” Hubo una pausa aún más larga. “Yo… lo siento. Tienes derecho a saberlo, vamos, eso es lo que creo. Bella… se tiró de un acantilado hace dos días. Alice lo vio, pero era demasiado tarde para hacer nada. Creo que habría ayudado, quiero decir, que habría roto su palabra, si hubiera tenido tiempo. Ella volvió para hacer todo lo posible por Charlie. Ya sabes cuánto se ha preocupado siempre por él.” La línea quedó muerta. Me llevó unos segundos darme cuenta de que había sido yo el que había apagado el móvil. Me senté en el suelo polvoriento un rato, el espacio se había congelado. Era como si el tiempo se hubiera terminado; como si el universo se hubiese parado. Poco a poco, me fui moviendo como un hombre viejo. Volví a encender el móvil y marqué el único número al que me había prometido no volver a llamar nunca. Si lo cogía ella, colgaría. Si lo cogía Charlie, le sonsacaría la información que necesitaba engañándolo. Probaría que el chiste sin gracia de Rosalie estaba equivocado, y entonces volvería a mi nada. “Residencia Swan”, respondió una voz que no había oído nunca. Una voz ronca y profunda de hombre, pero con un deje aún juvenil. No me paré a pensar en las implicaciones de aquello. “Soy el Dr. Carlisle Cullen”, dije, imitando perfectamente la voz de mi padre. “¿Puedo hablar con Charlie?” “No está aquí”, respondió la voz, sorprendiéndome un poco el enfado de su voz. Las palabras eran casi un gruñido. Pero eso no importaba. “Bueno, ¿dónde está entonces?”, pregunté, poniéndome cada vez más impaciente. Hubo una pequeña pausa, como si el extraño quisiera negarme cierta información. “Está en el funeral”, respondió finalmente el chico. Colgué el móvil otra vez.

COMPRAS CON ALICE


El coche era liso, blanco y potente; sus ventanas estaban tintadas de un negro limo. El motor ronroneó como un gran coche mientras nos apresurábamos a través de la oscura noche. Jasper conducía con una mano, despreocupadamente según parecía, pero el poderoso coche voló hacia delante con perfecta precisión. Alice se sentó conmigo en el asiento de piel negra. De alguna manera, durante la larga noche, mi cabeza había acabado contra su cuello de granito, sus fríos brazos envolviéndome, su mejilla apoyada en lo alto de mi cabeza. El frente de su fina camisa de algodón estaba frío, húmedo por mis lágrimas. Ahora y entonces, si mi respiración crecía desigual, ella murmuraría de forma calmante; en su veloz y aguda voz, los estímulos sonaban como cantando. Para mantenerme en calma, me centré en el tacto de su fría piel; era como una conexión física con Edward. Ambos me habían asegurado –cuando me percaté, con pánico, de que todas mis cosas seguían en la furgoneta- que dejarlo atrás era necesario, algo que hacer con el olor. Me dijeron que no me preocupara por las ropas ni el dinero. Trataba de creerles, haciendo un esfuerzo para ignorar lo incómoda que estaba en el equipo de prueba de Rosalie (¿? supongo que se refiere a alguna ropa de Rosalie, un chándal, no sé…). Era una cosa trivial de la que preocuparse. En las llanas carreteras, Jasper nunca condujo el robusto coche a menos de 120 millas por hora. Parecía completamente inconsciente de los límites de velocidad, pero nunca vimos un coche patrulla. Las únicas rupturas en la monotonía de la conducción fueron las dos paradas que hicimos para carburante. Noté ociosa que Jasper fue adentro a pagar a efectivo ambas veces. El amanecer comenzó a abrirse cuando estábamos en alguna parte en el norte de California. Miré con los ojos secos, semicerrados, como la luz gris se irradiaba a través del cielo despejado. Estaba exhausta, pero el sueño había desaparecido, mi mente demasiado llena de imágenes perturbadoras como para relajarme en la inconsciencia. La destrozada expresión de Charlie –el brutal gruñido de Edward, con los dientes al descubierto- la penetrante mirada fija del perseguidor –la expresión triste de Laurent- la mirada muerta en los ojos de Edward después de que él me besara la última vez; como si todavía centellearan frente a mis ojos, mis sentimientos alternando entre el terror y la desesperación. En Sacramento, Alice pidió a Jasper que parara, para conseguirme comida. Pero sacudí mi cabeza cansadamente, y le dije que siguiese conduciendo con voz apagada. Unas pocas horas después, en un suburbio a las afueras de L.A. (Los Ángeles), Alice le volvió a hablar suavemente, y él salió de la autovía al sonido de mis débiles protestas. Un gran centro comercial era visible desde la autovía, y se dirigió allí, entrando en el estacionamiento, abajo en la planta subterránea para aparcar. “Quédate en el coche”, le ordenó a Jasper. “¿Estás segura?” él sonaba receloso. “No veo a nadie más por aquí”, dijo ella. Él asintió, accediendo. Alice me cogió de la mano y me sacó del coche. Se aferró a mi mano, manteniéndome cerca de ella mientras caminábamos por el oscuro garaje. Ella rodeó el borde del garaje, manteniéndose en las sombras. Aprecié cómo su piel parecía brillar en la luz del sol que se reflejaba de la acera. El centro comercial estaba abarrotado, varios grupos de compradores pasaban, algunos girando la cabeza para vernos pasar cerca. Caminamos bajo un puente que cruzaba desde el nivel superior del aparcamiento al segundo local de un gran almacén, siempre manteniéndonos fuera de la luz solar directa. Una vez dentro, bajo las luces fluorescentes del almacén, Alice parecía menos destacada –simplemente una muchacha alarmantemente pálida, pero con oscuros ojos y pelo negro puntiagudo. Estaba segura de que las ojeras bajo mis propios ojos eran más evidentes que las suyas. Todavía captamos la atención de alguno que echó un vistazo en nuestra dirección. Me preguntaba lo que pensaban que veían. La delicada y danzarina Alice, con su llamativo rostro de ángel, vestida de un modo ligero, pálidas prendas que no disminuían lo suficiente su palidez, manteniendo sus manos conmigo, obviamente controlando, mientras yo arrastraba cansadamente mis torpes pies pero costosas ropas, mi agarrotado pelo enrollado en nudos a mi espalda. Alice me condujo inevitablemente a la tienda de alimentos. “¿Qué quieres comer?” El olor de las comidas rápidas grasientas dobló mi estómago. Pero la mirada de Alice no dejaba lugar a la persuasión. Pedí sin entusiasmo un bocadillo de pavo. “¿Puedo ir al baño?” pregunté en cuanto nos dirigimos a la cola. “Vale”, y cambió de dirección, sin soltar mi mano. “Puedo ir sola”. La atmósfera banal del genérico centro comercial me hizo sentir lo más normal que había tenido desde nuestro desastroso juego de anoche. “Lo siento, Bella, pero Edward va a leer mi mente cuando esté aquí, y si ve que te he dejado fuera de mi vista durante un minuto…” ella se calmó, no dispuesta a contemplar las horribles consecuencias. Al menos esperó fuera del abarrotado cuarto de baño. Me lavé la cara, así como las manos, ignorando las asustadas miradas de las mujeres de mí alrededor. Traté de peinarme el pelo con los dedos, pero rápidamente me rendí. Alice cogió mi mano de nuevo en la puerta, y volvimos lentamente a la cola de la comida. Yo estaba retrasándome, pero ella no se mostraba impaciente conmigo. Me miraba comer, primero despacio y luego más deprisa a medida que volvía mi apetito. Bebí la soda que ella me compró tan rápido que me dejó por un momento –sin quitarme la vista de encima, claro- para conseguirme otra. “La comida que tú comes es definitivamente más conveniente” comentó cuando acabé, “pero no parece más divertido”. “Me imagino que cazar es más excitante.” “No te haces idea.” Centelleó con una amplia sonrisa de brillantes dientes, y varias personas giraron la cabeza en nuestra dirección. Tras tirar nuestra basura, me condujo por lo anchos pasillos del centro comercial, sus ojos reluciendo aquí y allá ante algo que ella quería, acarreándome junto a ella en cada parada. Se detuvo por un momento ante una cara boutique para comprar tres pares de gafas de sol, dos de mujer y uno de hombre. Noté la mirada del vendedor hacia ella con una nueva expresión cuando ella le entregó una inusual y pulcra tarjeta de crédito con líneas doradas cruzándola. Encontró una tienda de accesorios donde tomó un cepillo y gomas del pelo. Pero en realidad no dejó los negocios hasta que me introdujo en el tipo de tiendas que yo nunca frecuentaba, porque el precio de un par de calcetines estaba fuera de mi alcance. “Tienes aproximadamente una talla 2.” Era una declaración, no una pregunta. Me utilizó como una mula de carga, lastrándome con una escalonada cantidad de ropa. Aquí y allí podía verla alcanzando una talla extra-pequeña cuando escogía algo para ella misma. Las prendas que seleccionaba para sí misma eran todas en materiales ligeros, pero con longitud o largas hasta el suelo, diseñadas para cubrir el máximo posible de su piel. Un sombrero negro de paja de ala ancha coronó la montaña de ropas. La dependienta tuvo una reacción similar ante la inusual tarjeta de crédito, volviéndose más servicial, y llamando a Alice “señorita”. Aunque el nombre que pronunció era desacostumbrado. Una vez de nuevo fuera del centro comercial, con nuestros brazos cargados de bolsas, de las cuales ella cargaba la parte de un león, le pregunté sobre ello. “¿Qué te llamó?” “Esa tarjeta de crédito dice Rachel Lee. Vamos a ser muy cuidadosos para no dejar ningún tipo de pista para el rastreador. Vayamos a cambiarte.” Pensé sobre ello cuando ella me llevó de vuelta a los aseos, poniéndome en el recinto para minusválidos de modo que tuviera sitio para moverme. La escuché rebuscando en las bolsas, para finalmente pasarme un ligero vestido azul de algodón por encima de la puerta. Agradecida me quité los vaqueros muy largos y muy ajustados de Rosalie, di un tirón a la blusa que me envolvía en todos los lugares erróneos, y se los arrojé por encima de la puerta. Me sorprendió pasándome un par de suaves sandalias de piel por debajo de la puerta – ¿cuándo las había adquirido? El vestido me sentaba asombrosamente bien, el costoso corte evidente en la manera en que encajaba a mí alrededor. En cuanto dejé el recinto noté que estaba tirando las ropas de Rosalie a la papelera. “Guarda tus zapatillas de deporte”, dijo. Las puse arriba de una de las bolsas. Volvimos al garaje. Alice logró menos miradas esta vez; estaba tan cubierta por bolsas que su piel era apenas visible. Jasper estaba esperando. Se deslizó fuera del coche ante nuestro acercamiento –el maletero estaba abierto. Mientras alcanzaba primero mis bolsas, echó a Alice una mirada sarcástica. “Sabía que debía haber ido”, murmuró. “Sí”, reconoció ella, “te habrían apreciado en el baño de mujeres”. Él no respondió. Alice removió rápidamente entre sus bolsas antes de ponerlas en el maletero. Le pasó a Jasper un par de gafas de sol, poniéndose ella otro par. Me pasó el tercer par, y el cepillo del pelo. Y sacó una camisa larga, fina, negra transparente, poniéndosela encima de su camiseta, dejándola abierta. Por último, añadió el sombrero de paja. En ella, el improvisado traje parecía corresponder a una pista de aterrizaje (¿? runway). Ella agarró un puñado más de ropas y, envolviéndolas en una bola, abrió la puerta trasera e hizo una almohada sobre el asiento. “Necesitas dormir ya”, ordenó firmemente. Avancé despacio y obedientemente en el asiento, posando mi cabeza al instante, acurrucándome en mi lado. Estaba medio dormida cuando el coche arrancó. “No deberías haberme comprado todas estas cosas” mascullé. “No te preocupes por eso, Bella. Duerme.” Su voz era reposada. “Gracias”, suspiré, y caí en un incómodo sueño. Fue el dolor de dormir en una posición apretada lo que me despertó. Estaba todavía exhausta, pero de repente estaba nerviosa en cuanto recordé dónde estaba. Me senté para ver el Valle del Sol fuera, delante de mí; la extensión amplia, llana, de tejados, palmeras, autopistas, niebla tóxica y piscinas, abrazada por los peñascos pequeños y rocosos que llamamos montañas. Estuve sorprendida de no sentir ninguna sensación de alivio, sólo una añoranza fastidiosa de los cielos lluviosos y los espacios verdes del lugar que para mí significa Edward. Sacudí mi cabeza, intentando hacer retroceder el inicio de desesperación que amenazaba con abrumarme. Jasper y Alice estaban hablando; conocedores, estoy segura, de que estaba consciente de nuevo, pero no dieron ninguna señal de ello. Sus veloces y suaves voces, una grave, una aguda, enlazándose musicalmente a mí alrededor. Deduje que estaban discutiendo dónde permanecer. “Bella”, Alice se dirigió a mí casualmente, como si ya fuera parte de la conversación, “¿Cuál es el camino al aeropuerto?” “Sigue por la I-10” dije automáticamente, “pasaremos justo por él.” Pensé por un momento, mi cerebro todavía confuso por el sueño. “¿Vamos a volar a algún sitio?” pregunté. “No, pero es mejor estar cerca, por si acaso.” Abrió su teléfono móvil, y por lo visto llamó a información. Hablaba más despacio de lo habitual, preguntando por hoteles cerca del aeropuerto, de acuerdo con una sugerencia, luego esperando mientras era puesta en contacto. Hizo reservas para una semana bajo el nombre de Christian Bower, recitando a toda prisa un número de tarjeta de crédito sin siquiera mirarlo. La escuché repitiendo direcciones por el bien del operador; estoy segura de que ella no necesitaba ayuda con su memoria. La vista del teléfono me había recordado mis responsabilidades. “Alice”, dije cuando ella acabó. “Necesito llamar a mi padre.” Mi voz era seria. Ella me pasó el teléfono. Era a última hora de la tarde; estaba deseando que él estuviera en el trabajo. Pero respondió al primer tono. Me abatí, imaginando su ansiosa cara por el teléfono. “¿Papá?” dije vacilante. “¡Bella! ¿Dónde estás, cariño?” la fuerte revelación llenó su voz. “Estoy en la carretera.” No era necesario hacerle saber que yo había hecho un recorrido de 3 días durante la noche. “Bella, tienes que dar la vuelta.” “Necesito ir a casa.” “Cariño, hablemos de esto. No necesitas irte sólo por un chico.” Podría decir que él estaba siendo muy cuidadoso. “Papá, dame una semana. Necesito pensarme las cosas, y luego decidiré si vuelvo. No tiene nada que ver contigo, ¿de acuerdo?” Mi voz tembló levemente, “te quiero, papá. Sea lo que sea lo que decida, te veré pronto. Lo prometo.” “De acuerdo, Bella.” Su voz era resignada. “Llámame cuando llegues a Phoenix.” “Te llamaré desde casa, papá. Adiós.” “Adiós, Bella.” Vaciló antes de colgar. Por lo menos estaba de buenas con Charlie de nuevo, pensé mientras devolvía el teléfono a Alice. Ella me observaba atentamente, quizás esperando por otro bajón emocional. Pero yo sólo estaba muy cansada. La familiar ciudad voló por mi oscura ventanilla. El tráfico era ligero. Transitamos rápidamente por el centro de la ciudad y luego viramos alrededor de la parte norte de Sky Harbour International, girando al sur en Temple. Sólo en el otro lado del húmedo cauce del Río Salt (Río de la Sal), a una milla o así del aeropuerto, Jasper salió ante la orden de Alice. Ella le dirigió fácilmente a través de las superficiales calles a la entrada del aeropuerto Hilton. Yo había estado pensado en el Motel 6, pero estaba segura de que ellos se cepillarían cualquier preocupación por el dinero. Aparentaban tener una reserva sin fin. Entramos en el aparcamiento bajo la sombra de un gran toldo, y dos botones se colocaron rápidamente al lado del impresionante automóvil. Jasper y Alice bajaron del coche, pareciéndose mucho a estrellas del cine con sus oscuras gafas. Yo bajé torpemente, rígida por las largas horas en el coche, sintiéndolo acogedor. Jasper abrió el maletero, y el solícito personal rápidamente colocó nuestras bolsas de la compra en un carrito. Estaban demasiado bien entrenados como para mostrar ninguna mirada sorprendida ante nuestra carencia de un verdadero equipaje. El coche había estado muy fresco en su oscuro interior; andando por la tarde de Phoenix, hasta en la sombra, era como pegar mi cabeza dentro de un horno de asar. Por primera vez en ese día, me sentí en casa. Jasper cruzó en un paso con seguridad por el vestíbulo vacío. Alice se mantuvo con cuidado a mi lado, los botones tras nosotros llevando con impaciencia nuestras cosas. Jasper se acercó al escritorio con su aire inconscientemente majestuoso. “Bower”, fue todo lo que dijo a la aparentemente profesional recepcionista. Ella rápidamente procesó la información, con sólo un mínimo vistazo hacia el ídolo de pelo dorado delante de él traicionando su cuidadosa eficiencia. Fuimos conducidos rápidamente a nuestra gran suite. Sabía que los dos dormitorios eran por mera apariencia. Los botones descargaron eficientemente nuestras bolsas mientras me sentaba cansadamente en el sofá y Alice danzaba a examinar otros espacios. Jasper les dio la mano cuando se iban, y la mirada que intercambiaron en su salida hacia la puerta era más que satisfecha; era complacida. Luego estuvimos solos. Jasper fue a las ventanas, cerrando los dos niveles de cortinas con seguridad. Alice apareció y dejó caer un menú de servicio de habitaciones en mi regazo. “Pide algo” aconsejó. “Estoy bien”, dije sin entusiasmo. Me lanzó una oscura mirada, y recuperó el menú. Quejándose de algo acerca de Edward, levantó el teléfono. “Alice, de verdad”, comencé, pero me miró en silencio. Apoyé mi cabeza en el reposabrazos del sofá y cerré los ojos. Una llamada en la puerta me despertó. Salté tan rápido que me deslicé por la derecha del sofá al suelo y me golpeé la frente contra la mesa de centro. “Ouh”, dije, aturdida, acariciándome la cabeza. Escuché a Jasper reírse una vez, y levanté la vista para verle tapándose la boca, intentando ahogar el resto de su diversión. Alice llegó a la puerta, presionando sus labios firmemente, los bordes de su boca estirándose. Me ruboricé y me eché hacia atrás en el sofá, sosteniendo mi cabeza en mis manos. Era mi comida; el olor de carne roja, queso, ajo y patatas arremolinándose de manera atractiva a mi alrededor. Alice llevó la bandeja tan hábilmente como si hubiera sido camarera durante años, y la colocó en la mesa ante mis rodillas. “Necesitas proteínas” explicó, levantando la plateada tapa semiesférica (literalmente “cúpula”, pero se refiere a esas campanas de metal que salen en las pelis de hoteles elegantes tapando los alimentos) para mostrar un gran filete y una decorativa escultura de patata. “Edward no estará contento contigo si tu sangre huele anémica cuando él esté aquí.” Estaba segura de que estaba bromeando. Ahora que podía oler la comida estaba hambrienta de nuevo. Comí veloz, sintiendo volver mi energía en cuanto los azúcares llegaron a mi torrente sanguíneo. Alice y Jasper me ignoraban, viendo las noticias y hablando tan rápida y calladamente que no pude entender ni una palabra. Un segundo golpe sonó en la puerta. Salté sobre mis pies, evitando por poco otro accidente con la medio vacía bandeja en la mesa de centro. “Bella, necesitas calmarte” dijo Jasper, mientras Alice respondía a la puerta. Un miembro del personal de limpieza le dio una pequeña bolsa con el logotipo del Milton y se fue rápidamente. Alice lo trajo y me lo entregó. Lo abrí para encontrar un cepillo de dientes, pasta de dientes, y todas las demás cosas críticas que me había dejado en mi camioneta. Las lágrimas aparecieron en mis ojos. “Sois tan amables conmigo…”, miré a Alice y luego a Jasper, agobiada. Había notado que Jasper era normalmente el más cuidadoso en mantener las distancias conmigo, de modo que me sorprendió cuando vino a mi lado y colocó su mano en mi hombro. “Ahora eres parte del clan”, bromeó, sonriendo calurosamente. De repente sentí un pesado agotamiento fluyendo por mi cuerpo; mis párpados eran de alguna manera demasiado pesados para mantenerse abiertos. “Muy sutil, Jasper” escuché a Alice decir en tono sarcástico. Sus fríos y delgados brazos resbalaron bajo mis rodillas y a mis espaldas. Ella me levantó, pero yo estaba dormida antes de que me depositara en la cama. Era muy temprano cuando me desperté. Había dormido bien, sin sueños, y estaba más alerta de lo que solía estar al despertar. Estaba oscuro, pero había destellos azulados de luz proviniendo desde debajo de la puerta. Alcancé el lado de la cama, intentando encontrar una lámpara en la mesilla de noche. Una luz apareció sobre mi cabeza, resoplé, y Alice estaba allí, arrodillándose a mi lado en la cama, su mano en la lámpara que fue insensatamente montada sobre la cabecera. “Lo siento”, dijo mientras yo me desplomaba de alivio hacia atrás, sobre la almohada. “Jasper tiene razón”, continuó, “necesitas relajarte”. “Bien, no le digas eso a él”, me quejé. “Si él intenta relajarme más, entraré en coma.” Se rió tontamente. “Lo has advertido, ¿eh?” “Si él me golpeara la cabeza con un sartén habría sido menos obvio.” “Necesitabas dormir.” Se encogió de hombros, sonriendo todavía. “Y ahora necesito una ducha, ¡hala!” Me di cuenta de que todavía llevaba el ligero vestido azul, el cual estaba más arrugado de lo que tenía derecho a estar. Mi boca sabía turbia. “Creo que vas a tener una magulladura en la frente”, mencionó mientras me dirigía al baño. Después de haberme aseado, me sentí mucho mejor. Me puse las prendas que Alice dejó para mí en la cama, una camisa verde militar que parecía estar hecha de seda, y pantalones cortos marrones de lino. Me sentí culpable, ya que mis nuevas cosas eran mucho más agradables que cualquiera de las prendas que había dejado atrás. Fue agradable hacer algo por fin con mi pelo; los champúes del hotel eran de una marca de buena calidad y mi pelo resplandeció de nuevo. Me tomé mi tiempo en secarlo con perfecta rectitud. Tuve el presentimiento de que no haríamos gran cosa hoy. Una estrecha inspección en el espejo reveló una sombra oscureciendo mi frente. Fabuloso. Cuando al fin aparecí, la luz brillaba al máximo alrededor de los bordes de las gruesas cortinas. Alice y Jasper estaban sentados en el sofá, mirando fija y pacientemente la televisión, con el sonido casi apagado. Había una nueva bandeja de comida en la mesa. “Come”, dijo Alice, señalándola firmemente. Me senté obediente en el suelo, y comí sin sentir la comida. No me gustaba la expresión de ninguna de sus caras. Estaban demasiado quietos. No apartaban la vista de la pantalla, ni siquiera cuando echaban anuncios. Empujé la bandeja a un lado, con el estómago repentinamente revuelto. Alice miró hacia abajo ahora, observando con mirada disgustada la bandeja todavía llena. “¿Qué es lo que va mal, Alice?” pregunté dócilmente. “Todo va bien.” Me miró con ojos abiertos y sinceros que no me creí ni por un segundo. “Bien, ¿qué hacemos ahora?” “Esperaremos a que Carlisle llame.” “¿Y no debería haber llamado ya?” Me pareció que me iba acercando al meollo del asunto. Los ojos de Alice revolotearon desde los míos hacia el teléfono que estaba encima de su bolso; luego volvió a mirarme. “¿Qué significa eso?” me temblaba la voz y luché para controlarla, “¿qué quieres decir con que no han llamado?” “Simplemente que no tienen nada que decir.” Pero su voz sonaba demasiado monótona y el aire se me hizo más difícil de respirar. “Bella”, dijo Jasper con una voz sospechosamente tranquilizadora, “no tienes de qué preocuparte. Aquí estás completamente a salvo.” “¿Crees que es por eso por lo que estoy preocupada?” pregunté con incredulidad. “¿Entonces por que?” Él estaba también confundido. Aunque podía sentir el tono de mis emociones, no podía saber las razones que las motivaban. “Ya oíste a Laurent”, mi voz era sólo un susurro, pero estaba segura de que podía oírme, sin duda. “Dijo que James era mortífero. ¿Qué pasa si algo va mal y se separan? Si cualquiera de ellos sufriera algún daño, Carlisle, Emmett… Edward...” Tragué saliva. “Si esa mujer brutal le hace daño a Carol o Esme...” hablaba cada vez más alto, y en mi voz apareció una nota de histeria. “¿Cómo podré vivir después sabiendo que fue por mi culpa? Ninguno de vosotros debería arriesgarse por mí...” “Bella, Bella, para...” me interrumpió Jasper, sus palabras fluyendo rápidamente. “Te preocupas por lo que no debes, Bella. Confía en mí en esto: ninguno de nosotros está en peligro. Ya soportas demasiada presión tal como están las cosas, no hace falta que le añadas todas esas innecesarias preocupaciones. ¡Escúchame!” me ordenó, porque yo había vuelto la mirada a otro lado. “Nuestra familia es fuerte. Nuestro único temor es perderte.” “Pero ¿por qué...?” Alice me interrumpió esta vez, tocándome la mejilla con sus dedos fríos. “Edward lleva solo casi un siglo. Ahora te ha encontrado, y nuestra familia está completa. ¿Crees que podríamos mirarle a la cara los próximos cien años si te pierde?” La culpa remitió lentamente cuando me sumergí en sus ojos oscuros. Pero, incluso mientras la calma se extendía sobre mí, sabía que no podía confiar en mis sentimientos con Jasper presente.

EXTENDED PROM


“Cuando me vas a decir que está pasando, Alice?” “Ya lo veras, se paciente” ordenó, haciendo muecas. Estábamos en mi coche pero ella conducía. Tres semanas más y ya no estaría caminando escayolada, y entonces iba poner muy firmemente mi pie sobre el asunto de conducir. Me gustaba conducir. Estábamos a finales de mayo, y la tierra alrededor de Forks encontraba de alguna manera la forma de ser aún más verde de lo normal. Era precioso, por supuesto, y yo estaba volviéndome algo reconciliada con el bosque, sobre todo a causa de pasar más tiempo allí de lo normal. No éramos muy amigos aún, la naturaleza y yo, pero nos estábamos acercando. El cielo estaba gris, pero eso también era agradable. Era un gris perlado, no sombrío del todo, no lluvioso, y casi suficiente calido para mí. Las nubes eran gruesas y seguras, esa clase de nubes que se han convertido agradables para mí, debido a la libertad que garantizaban. Pero a pesar de estos entornos agradables, me sentía nerviosa. Por una parte debido al comportamiento extraño de Alice. Ella había insistido este sábado a la mañana en que era el día de las chicas fuera, llevándome hasta Port Angeles para hacernos la manicura y la pedicura, rechazando dejarme tener la modesta sombra rosa que yo quería y ordenando a la manicurista que me pintara con un brillante rojo oscuro – incluso insistió en que me pintara las uñas de mi pie escayolado. Cuando acabamos Alice me llevó a una tienda de zapatos, aunque solo me podía probar un zapato de cada par. En contra de mis vigorosas protestas, ella me compro un par de lo más impráctico, caro, tacones stiletto – cosas peligrosas, sujetas solamente por las cintas gruesas del satén que se cruzaban sobre mi pie y se ataban en un ancho arco detrás de mi tobillo. Eran de un azul profundo, un azul jacinto, y en vano intenté explicar que no tenía nada con lo que ponerme esos zapatos. Incluso con mi armario embarazosamente lleno de ropa que ella me había comprado en L.A. – la mayor parte de la ropa todavía demasiado ligera para ponérsela en Forks – estaba convencida de que no tenía nada en ese tono. E incluso si hubiese tenido ese tono exacto escondido en algún rincón de mi armario, mi ropa no hacía juego con los tacones Stiletto. Yo no hacía juego con los tacones Stiletto – podía caminar apenas con seguridad en calcetines. Pero mi lógica irrebatible no hacía mella en ella. Ella incluso no volvería a discutir. (¿?) “Bien, no son de Biviano, pero lo van a tener que hacer” murmuró descontenta, y entonces no hablaría más mientras desencadenaba su tarjeta de crédito con los atemorizados empleados. Me consiguió la comida en un sitio de comida rápida a través de la ventana, diciéndome que tenía que comer en el coche, pero negándose a explicarme la razón de tanta prisa. Además, de camino a casa le tuve que recordar varias veces que mi coche no era capaz de funcionar como un coche deportivo, incluso con las modificaciones de Rosalie, y que por favor le diera a la pobre cosa una rotura (y to please give the poor thing a break). Normalmente, Alice era mi chofer preferido. Ella no parecía aburrida conduciendo veinte o treinta millas sobre el límite de velocidad, la manera que algunas personas no podían soportar. Pero la agenda secreta de Alice era solo la mitad del problema, por supuesto. Yo estaba también patéticamente ansiosa porque no había visto el rostro de Edward en casi seis horas y eso tenía que ser un record en los últimos dos meses. Charlie había estado difícil, pero no imposible. El estaba reconciliado con presencia constante de Edward cuando volvía a casa, sin encontrar nada sobre lo que discutir cuando nos sentábamos para hacer nuestros deberes en la mesa de la cocina— incluso parecía disfrutar de la compañía de Edward mientras los dos gritaban juntos a los juegos de ESPN. Pero no había perdido nada de su original severidad cuando sostenía la puerta a Edward exactamente a las diez cada noche de la semana. Por supuesto, Charlie era completamente inconsciente de la habilidad de Edward para regresar con su coche a casa y estar de vuelta en mi ventana en menos de diez minutos. Él era mucho más agradable con Alice, a veces un tanto embarazoso. Obviamente, hasta que tuviera mi voluminosa escayola algo más manejable, necesitaba la ayuda de una mujer. Alice era un ángel, una hermana; todas las noches y todas las mañanas ella aparecía para ayudarme con mis rutinas diarias. Charlie estaba enormemente agradecido de ser relevado del horror de una hija casi adulta que necesitaba ayuda para ducharse—esa clase de cosa estaba lejos de ser de su comodidad, y también de la mía, para ese tema. Pero era con más que gratitud que Charlie llevó a llamarla “Ángel” como apodo, y la miraba con ojos perplejos cuando ella bailaba sonriente por la pequeña casa, iluminándola. Ningún ser humano podía no ser afectado por su increíble belleza y gracia, y cuando ella se deslizaba por la puerta cada noche con un cariñoso, “Te veo mañana, Charlie”, le dejaba atontado. “Alice, ¿vamos a casas ahora?” le pregunté en ese momento, las dos entendiendo que me refería a la casa blanca junto al rió. “si.” hizo una mueca, conociéndome bien. “Pero Edward no está ahí.” Fruncí el ceño. “¿Donde está?” “Él tenía algunos recados que hacer” “¿Recados?” repetí tajante. “Alice,” mi tono se volvió engatusado, “por favor dime que está pasando.” Ella sacudió la cabeza, todavía haciendo muecas firmemente. “Me estoy divirtiendo mucho,” explico. Cuando entramos en la casa, Alice me llevo directa arriba, al baño de su habitación. Me sorprendió encontrar a Rosalie ahí, esperando con una sonrisa celestial, detrás de una silla rosa. Un arsenal de herramientas y productos cubrían el largo mostrador. “Siéntate,” ordenó Alice. La consideré cuidadosamente por un minuto, y entonces, decidiendo que ella estaba preparada para usar la fuerza si era necesario, cojeé hasta la silla y me senté con la dignidad que podía manejar. Rosalie inmediatamente empezó a cepillarme el pelo. “¿Supongo que no me dirás sobre que va esto?” le pregunte. “Me puedes torturar,” murmuró, absorta con mi pelo, “pero nunca hablare.” Rosalie sujeto mi cabeza en el lavabo mientras Alice frotaba mi pelo con un champú que olía como a menta y a pomelo. Alice pasó la toalla a través del enredo mojado furiosamente, entonces roció casi una botella entera de algo más—este olía como a pepinos—en el pelo mojado y me pasó la toalla otra vez. Entonces, peinaron el lío rápidamente; lo que olía a pepino hizo que el enredo se comportara. Puede que pidiera algo de eso. Luego cada una cogió un secador y se pusieron a trabajar. Mientras pasaban los minutos, y ellas siguieron descubriendo nuevas secciones de pelo empapado, sus caras empezaron a tomar una expresión un poco preocupada. Yo sonreí alegremente. Algunas cosas incluso ni los vampiros podían acelerar. “Tiene una porción tremenda de pelo,” comentó Rosalie con voz ansiosa. “¡Jasper!” llamó claramente Alice, pero no en voz alta, “¡encuéntrame otro secador!” Jasper vino a su rescate, subiendo de alguna manera con dos secadores más, que apuntó a mi cabeza, profundamente divertido, mientras ellas seguían trabajando. “Jasper…” empecé esperanzada. “Lo siento, Bella, no estoy autorizado a decir algo.” escapó agradecido cuando finalmente estuvo todo seco y poufy (¿?). Mi pelo sobresalía tres pulgadas de mi cabeza. “¿Que me habéis hecho?” pregunté con horror. Pero ellas me ignoraron, sacando una caja de rodillos calientes. Intenté convencerlas de que mi pelo no se rizaba, pero me ignoraron, embadurnando algo que era de un color amarillo malsano a través de cada mechón antes de darle vueltas alrededor de un rulo caliente. “¿Encontraste zapatos?” preguntó intensamente Rosalie mientras trabajaban, como si la respuesta fuese de vital importancia. “Si—son perfectos,” ronroneó Alice con satisfacción. Ví a Rosalie en el espejo, cabeceando como si un gran peso hubiese sido sacado de su mente. “Tu pelo se ve bien,” hice notar. No que no estuviese siempre ideal—pero ella lo tenía levantado esa tarde, creando una corona de rizos de oro suave encima de su cabeza perfecta. “Gracias” sonrió. Ahora habían empezado con la segunda tanda de rizos. “¿Qué piensas sobre el maquillaje?” preguntó Alice. “Es un dolor” ofrecí. Ellas me ignoraron. “No necesita mucho—su piel está mejor desnuda,” reflexiono Rosalie. “Pintalabios,” decidió Alice. “Y rimel y lápiz de ojos,” agregó Rosalie, “solo un poco.” Suspire fuertemente. Alice se rió nerviosamente. “Se paciente, Bella. Nos lo estamos pasando bien.” “Bien, mientras seas (as long as you are)” murmure. Ellas tenían ahora todos los rulos ceñidamente e incómodamente sujetos a mi cabeza. “Vamos a vestirla.” La voz de Alice se emocionó con expectación. Ella no esperó a que yo cojeara fuera del baño bajo mi propia energía. En lugar de eso, me levantó y me llevó a la grande habitación blanca de Rosalie y Emmett. En la cama, había un vestido. Azul jacinto, por supuesto. “¿Qué te parece?” gorjeó Alice. Esa era una buena pregunta. Era suave con volantes, aparentemente era para ser puesto bajo y por debajo de los hombros, con largas mangas que se fruncían en las muñecas. El fino corpiño estaba rodeado por otra, pálida-florecida, tela Jacinta, que se plegaban juntos para formar un fino volante abajo en el lado izquierdo. El material florecido era largo atrás, pero abierto en la parte delantera por varias capas correspondientes de volantes de suave jacinto, aclarado en tono cuando alcanzaban el dobladillo té-longitud/tramo de la parte baja. “Alice,” gemí. “¡no me puedo poner eso!” “¿Por qué?” exigió en voz fuerte. “¡La parte de arriba es see-though (yo supongo que se refiere a que es muy descubierta, que no tapa casi vamos xD)!” “Esto va debajo” Rosalie aguantó una mirada siniestra, una prenda azul pálido. “¿Que es esto?” pregunté aterrada. “Es un corsé, tonta,” dijo Alice, impaciente. “Ahora ¿te lo vas a poner, o tengo que llamar a Jasper y pedirle que te sujete mientras lo hago yo?” me amenazó. “Supuestamente eres mi amiga” le acusé. “Se buena Bella,” suspiró, “No recuerdo ser humana y estoy intentando tener algo de diversión aquí. Además, es por tu propio bien.” Me quejé y me ruborice mucho, pero no les llevo mucho tiempo que me pusiera el vestido. Lo tenía que admitir, el corsé tenía sus ventajas. “Guau,” respire, mirando hacia abajo. “Tengo hendidura.” “Quien lo habría adivinado,” Alice se rió entre dientes, encantada con su trabajo. Aunque yo no estaba completamente vendida. “¿No creéis que este vestido en un poco demasiado…no se, atrevido…para Forks?” pregunté vacilante. “Yo creo que las palabras que estas buscando son haute couture (¿?)” se rió Rosalie. “No es para Forks, es para Edward,” insistió Alice. “Es exactamente apropiado.” Entonces, me llevaron de vuelta al baño, desenrollando los rizos con dedos voladores. Para mi asombro, cayeron cascadas de rizos. Rosalie sujeto la mayoría de ellos arriba, enrollándolos cuidadosamente en una equime (¿?) melena de rizos que se desbordaron en una gruesa línea por mi espalda. Mientras ella trabajaba, Alice pintó rápidamente una fina raya alrededor de cada uno de mis ojos, ya con rimel, y pasó cuidadosamente un pintalabios rojo oscuro por mis labios. Luego se fue de la habitación y volvió rápidamente con los zapatos. “Perfecto,” respiró Rosalie mientras Alice los sujetaba para admirarlos. Alice ató el mortal zapato expertamente, y luego miró mi escayola con especulación en sus ojos. “Supongo que hemos hecho lo que hemos podido,” sacudió su cabeza tristemente. “¿no crees que Carlisle nos dejaría…? Miró a Rosalie. “Lo dudo,” replicó Rosalie secamente. Alice suspiró. Ambas levantaron sus cabezas entonces. “Él está de vuelta” yo sabía a que ‘él’ se referían, y me sentí energéticas mariposas en mi estomago. “Él puede esperar. Hay una cosa más importante.” dijo Alice firmemente. Ella me levanto otra vez—una necesidad, estaba segura de que no podía andar en ese zapato—y me llevo a su habitación, donde ella gentilmente me dejo de pie en frente de su ancho, borde dorado, espejo. “Ahí” dijo. “¿Ves?” Mire fijamente a la extraña en el espejo. Ella parecía muy alta en el alto zapato, con la larga, estrecha línea del ceñido vestido añadiéndose a la ilusión. La blusa décolleté – dónde su excepcionalmente impresionante busto (parte de arriba, pecho) atrajo mi atención otra vez. —hacía parecer su cuello muy largo, mientras las columnas de brillantes rizos bajaban por su espalda. El color jacinto de la tela era perfecto, destacando la cremosidad de su piel de marfil, las rosas en el sonrojo de sus mejillas (the roses in the blush on her cheeks). Ella estaba muy guapa, lo tenía que admitir. “Bien, Alice” sonreí. “veo.” “No lo olvides,” ordenó. Ella me levantó otra vez, y me llevo a las escaleras. “¡Date la vuelta y cierra tus ojos!” ordenó bajando las escaleras. “Y estate fuera de mi cabeza—no lo arruines.” Ella vaciló, caminando más despacio de lo normal bajando la escalera hasta que pudo ver que él había obedecido. Entonces voló el resto del camino. Edward estaba en la puerta, de espalda a nosotras, muy alto y oscuro—Nunca antes le había visto vestir de negro. Alice me sentó verticalmente, alisando la tela de mi vestido, poniendo un rizo en su lugar, y entonces me dejó ahí, y se fue a sentar al banco del piano a mirar. Rosalie se sentó con ella en la audiencia. “¿Puedo mirar?” su voz era intensa con expectación—hizo que mi corazón palpitara irregularmente. “Si…ahora,” dirigió Alice. Él se giro inmediatamente, y entonces se quedo congelado en el sitio, abrió los ojos de par en par. Yo podía sentir el adulador calor en mi cuello y teñir mis mejillas. Él estaba magnífico; Sentí un parpadeo del viejo miedo, que él era solo un sueño, no era posible que fuese real. Él vestía un traje negro, y pertenecía a una película, no a mi lado. Le mire fijamente con aterrorizada incredulidad. Caminó lentamente hacía mi, vacilando con un pie cuando me alcanzó. “Alice, Rosalie…gracias,” respiró sin dejar de mirarme. Oí la risa ahogada de placer de Alice. Caminó hacía delante, ahuecando una mano fría debajo de mi mandíbula, e inclinándose para presionar sus labios en mi garganta. “Eres tu,” murmuró contra mi piel. Se apartó, y había flores blancas en su otra mano. “Fressia,” me informó mientras se fijaba en mis rizos. “Completamente redundante, por lo que concierne a la fragancia, por supuesto.” Se inclinó para verme otra vez. Sonrió con esa sonrisa que me paraba el corazón. “Estás absurdamente hermosa.” “Estás en mi misma línea,” mantuve mi voz tan clara como pude manejar. “Justo cuando me convezco a mi misma de que eres real, te pones de manifiesto apareciendo así y tengo miedo de que este soñando otra vez.” Él me levantó rápidamente en sus brazos. Me sujeto cerca de su cara, sus ojos quemaban cuando me puso incluso más cerca. “¡Mira el pintalabios!” ordenó Alice. Él se rió rebeldemente, pero en cambio, dejó caer su boca al hueco encima de mi clavícula. “¿Estás lista para irnos?” preguntó. “¿Me va a decir alguien cual es la ocasión?” Él se rió otra vez, mirando por encima de su hombro a sus hermanas. “¿No lo ha adivinado?” “No,” rió tontamente Alice. Edward rió con deleite. Fruncí el ceño. “¿Qué me estoy perdiendo?” “No te preocupes, lo entenderás muy pronto,” me aseguró. “Déjala en el suelo, Edward, para que pueda sacar un foto,” Esme estaba bajando las escaleras con una cámara plateada en sus manos. “¿Fotos?” murmuré, mientras él me ponía cuidadosamente sobre mi pie bueno. Estaba teniendo un mal presentimiento sobre todo esto. “¿Aparecerás en la foto?” pregunté sarcásticamente. Me sonrió. Esme nos tomo varias fotografías, hasta que Edward irónicamente insistió en que se nos iba a hacer tarde. “Os veremos allí,” dijo Alice mientras él me llevaba a la puerta. “¿Alice estará allí?” Me sentí un poco mejor. “Y Jasper, y Emmett, y Rosalie.” Mi frente se arrugo con concentración mientras intentaba adivinar el secreto. Él rió disimuladamente ante mi expresión. “Bella,” me llamó Esme, “Tu padre está al teléfono.” “¿Charlie?” preguntamos simultáneamente Edward y yo. Esme me trajo el teléfono, pero él me lo arrebató cuando ella intentó dármelo a mí, manteniéndome lejos fácilmente con un brazo. “¡Oye!” protesté, pero él ya estaba hablando. “¿Charlie? Soy yo. ¿Qué pasa?” sonó preocupado. Mi cara palideció. Pero entonces su expresión se volvió divertida y de repente malvada. “Dale el teléfono, Charlie—déjame hablar con él.” Lo que fuese que estaba pasando, Edward se estaba divirtiendo un poco demasiado como para que Charlie estuviera en algún peligro. Me relajé ligeramente. “Hola, Tyler, soy Edward Cullen,” su voz era muy amistosa, en apariencia. Pero yo ya le conocía lo bastante para detectar el leve rastro de amenaza en su tono. ¿Qué estaba haciendo Tyler en mi casa? Caí en la cuenta de la terrible verdad poco a poco. “Lamento que se haya producido algún tipo de malentendido, pero Bella no esta disponible esta noche.” El tono de su voz cambió, y la amenaza se hizo más evidente mientras seguía hablando. “Para serte totalmente sincero, ella no va a estar disponible ninguna noche para cualquier otra persona que no sea yo. No te ofendas. Y lamento estropearte la velada” No sonaba como si lo sintiera en absoluto. Y entonces, cerró el teléfono con un golpe con una ancha y estúpida sonrisa en su rostro. “¡Me llevas al baile de fin de curso!” Le acusé furiosa. Mi cara y cuello se ruborizaron con cólera. Pude sentir las lágrimas de rabia que se empezaban a acumular en mis ojos. Él no esperaba una reacción tan fuerte, eso estaba claro. Apretó los labios y estrechó lo ojos. “No te pongas difícil, Bella” “Bella, vamos todos,” animó Alice, de repente en mi hombro. “¿Por qué me haces esto?” exigí. “Será divertido.” Alice era todavía brillantemente optimista. Pero Edward se inclinó para murmurar en mi oreja, su voz de terciopelo y seria. “Solo eres humana una vez, Bella. Humor me (¿?)” Entonces dirigió contra mí la fuerza de sus abrasadores ojos dorados, fundiéndose mi resistencia con su calor. “Bien” contesté con un mohín, incapaz de echar fuego por los ojos con la eficacia deseada. “Me lo tomaré con calma. Pero ya veras” advertí “En mi caso, la mala suerte se está convirtiendo en un hábito. Seguramente me romperé la otra pierna. ¡Mira este zapato! ¡Es una trampa mortal!” Levanté la pierna para reforzar la idea. “Humm” miró atentamente mi pierna más tiempo del necesario, y entonces miró a Alice con ojos brillantes “otra vez, gracias.” “Llegareis tarde a donde Charlie” nos recordó Esme. “Está bien, vamos,” me columpió hacia la puerta. “¿Esta Charlie al tanto de esto?” pregunté con los dientes apretados. “Por supuesto,” sonrió. Estaba preocupada, así que no lo advertí al principio. Solo fui consciente de un coche plateado, y asumí que era el Volvo. Pero entonces se paró tan despacio para ponerme allí que pensé que me iba a sentar en el suelo. “¿Que es esto?” pregunté, sorprendida de encontrarme en un no familiarizado cópe (¿?). “¿Dónde está el Volvo?” “El Volvo es mi coche diario” me dijo con cuidado, aprensivo de que yo podía tener otro ataque. “Este es un coche de una ocasión especial” “¿Que pensará Charlie?” sacudí la cabeza con desaprobación mientras me subía y encendía el motor. Ronroneó. “Ah, la mayor parte de la gente en Forks piensa que Carlisle es un coleccionador ávido de coches.” Se apresuró por el bosque hacía la carretera. “¿Y no lo es?” “No, ese es más mi hobby. Rosalie colecciona coches, también, pero ella prefiere perder el tiempo con sus entrañas antes que conducirlos. Ella trabajo mucho en éste para mi.” Aún me estaba preguntando por qué volvíamos a casa de Charlie cuando ya estábamos en frente. La luz de porche estaba encendida, aunque aun no había anochecido. Charlie seguramente estaba esperando, probablemente asomándose por la ventana ahora. Empecé a ruborizarme, preguntándome si la primera reacción de mi padre hacía el vestido no sería similar a la mía. Edward paseó, demasiado despacio para él, alrededor del coche para alcanzar mi puerta—confirmando mi sospecha de que Charlie estaba al acecho. Entonces, mientras Edward me levantaba con cuidado fuera del pequeño coche, Charlie--muy inusitadamente—salió a la entrada para saludarnos. Mis mejillas ardían; Edward lo advirtió y me miro interrogante. Pero no necesitaba estar preocupada. Charlie no me había visto aún. “¿Es esto un Aston Martin? Preguntó a Edward en una voz reverente. ”Si—El Vanquish.” Los bordes de su boca se retorcieron, pero logró controlarlo. Charlie lanzó un silbido. “¿Quieres probarlo?” Edward sujetó la llave. Los ojos de Charlie finalmente se apartaron del coche. Miró a Edward con incredulidad---con una diminuta esperanza. “No,” dijo reacio, “¿Que diría tu padre?” “Carlisle no tendrá inconveniente,” dijo Edward sinceramente, riéndose. “Adelante” apretó la llave el la mano dispuesta de Charlie. “Bien, solo una vuelta rápida…” Charlie ya acariciaba el guardabarros con una mano. Edward me ayudo cojeando a la puerta principal, levantándome tan pronto como estuvimos dentro, y llevándome a la cocina. “Eso salió bien,” dije. “El no tuvo la oportunidad de flipar con mi vestido.” Edward parpadeó. “No pensé en ello,” admitió. Sus ojos recorrieron otra vez mi vestido con una expresión crítica. “Supongo que ha estado bien que no tomáramos el camión, clásico o no.” Aparté mal dispuesta la mirada de su rostro el suficiente tiempo para darme cuenta de que la cocina estaba inusualmente oscura. Había velas en la mesa, muchas, quizás veinte o treinta velas blancas. La vieja mesa estaba oculta por una larga y blanca tela y había dos sillas. “¿Es en esto en lo que has estado trabajando hoy?” “No—esto solo me llevó un momento. Fue la comida lo que me llevó todo el día. Sé que te parecen los restaurantes lujosos que abruman, no hay muchas opciones que caigan en esa categoría por aquí, pero decidí que no podías quejarte sobre tu propia cocina.” Me sentó en una de las blancas sillas envueltas, y empezó a reunir cosas del frigorífico y del horno. Me di cuenta que había solo cubiertos para una persona. “¿No vas a alimentar a Charlie, también? tiene que volver a casa con el tiempo.” “Charlie no puede comer nada más--¿Quién piensas que fue mi degustador? Tenía que estar seguro de que todo era comestible.” Puso un plato delante de mi, lleno de cosas que parecían muy comestibles. Suspiré. “¿Estás aún loca?” pasó la otra silla alrededor de la mesa para poder sentarse junto a mi. “No. Bueno, si, pero no en este momento. Estaba solo pensando –ahí va, en la cosa que puedo hacer mejor que tú. Esto tiene buena pinta.” Suspiré otra vez. El se rió entre dientes. “Aún no lo has probado—se optimista, puede que esté horrible.” Comí un trozo, me detuve, y entonces hice una mueca. “¿Está horrible?” preguntó asustado. “No, está fabuloso, naturalmente.” “Que alivio,” sonrió, tan perfecto. “No te preocupes, todavía hay muchas cosas en las que eres mejor.” “Nombra una.” No contestó al principio, el apenas paso levemente su frió dedo por la línea de mi clavícula, sosteniendo mi mirada con ojos ardientes hasta que sentí mi piel arder y sonrojada. “Ahí está eso,” murmuró, tocando el carmesí de mi mejilla. “Nunca he visto a nadie ruborizarse tan bien como lo haces tú.” “Genial,” fruncí el ceño. “La reacciones involuntarias—algo de lo que puedo estar orgullosa.” “También eres la persona más valiente que conozco.” “¿Valiente?” me burlé. “Pasas todo tu tiempo libre en compañía de vampiros; eso precisa coraje. Y no vacilas en ponerte a una proximidad peligrosa de mis dientes…” Sacudí mi cabeza. “Sabía que no podías sugerir algo.” Se rió. “Yo soy serio, tú no. Pero no importa. Come.” Me cogió el tenedor, impaciente, y empezó a alimentarme. La comida estaba perfecta, por supuesto. Charlie volvió a casa cuando ya había casi acabado. Miré su rostro con cuidado, pero mi suerte se mantenía, estaba demasiado deslumbrado por el coche como para darse cuenta de cómo estaba vestida. Devolvió las llaves a Edward. “Gracias, Edward,” sonrió soñador. “Eso es un coche.” “De nada.” “¿Cómo estaba todo?” Charlie miró mi plato vacío. “Perfecto.” Suspire. “Ya sabes, Bella, puedes dejarle que cocine para nosotros de nuevo alguna vez,” insinuó. Dirigí a Edward una mirada oscura. “Estoy segura de que lo hará, papá.” No fue hasta que estuvimos al otro lado de la puerta cuando Charlie se despertó completamente. Edward tenía su brazo alrededor de mi cintura, para el equilibrio y el apoyo, mientras cojeaba en el inestable zapato. “Mm, pareces…muy mayor, Bella.” Podía oír el principio de la desaprobación paternal. “Alice me vistió. No pude decir mucho en algo.” Edward rió tan bajo que solo le oí yo. “Bien, si Alice…” se ablandó. “ Estás guapa, Bells” se detuvo con un rayo astuto en sus ojos. “Así que, ¿debería estar esperando que aparezca algún joven más en esmoquin esta noche?” gemí y Edward rió disimuladamente. Como podía alguien ser tan inconsciente como Tyler, no lo podía entender. No era como si Edward y yo hubiésemos sido reservados en el instituto. Íbamos y volvíamos juntos, me había llevado a todas mis clases, me sentaba con él y su familia en la comida, y él tampoco era tímido en cuanto a besarme ante testigos. Tyler claramente necesitaba ayuda profesional. “Eso espero,” Edward sonrió a mi padre. “Hay un refrigerador repleto de sobras—diles que se ayuden a si mismas.” “No creo—ésas son mías,” murmuró Charlie. “Apunta los nombres para mi, Charlie,” El indicio de amenaza en su voz era probablemente sólo audible para mí. “Ah, ¡ya basta!” ordené. Agradecidamente, al final nos metimos en el coche y nos fuimos.

EMMETT Y EL OSO


Me sorprendió encontrar un extraño vinculo creciendo entre Emmett y yo, especialmente teniendo en cuenta que él había sido el que más miedo me daba de todos ellos. Tenia que ver con el modo en que ambos habíamos sido elegidos para entrar en la familia; los dos habíamos sido amados – y habíamos amado en respuesta – mientras éramos humanos, aunque por poco tiempo para él. Solo Emmett recordaba – y solo él comprendía el milagro que Edward era para mí. Hablamos de ello por primera vez una tarde mientras los tres estábamos sentados en los sofás de la habitación principal, Emmett entreteniéndome tranquilamente con recuerdos que eran mejores que cuentos de hadas, mientras Edward se concentraba en el canal de cocina – había decidido que quería aprender a cocinar, ante mi incredulidad, y le era difícil sin el apropiado sentido del gusto o del olfato. Después de todo había algo que no sabia hacer de forma natural. Su perfecto entrecejo se frunció mientras el famoso chef sazonaba otro plato de acuerdo a su gusto. Yo suprimí una sonrisa. “Para ese entonces él ya había terminado de jugar conmigo, y supe que iba a morir.” Recordó Emmett suavemente, dando un giro al relato de sus años humanos con la historia del oso. Edward no nos prestaba ninguna atención; ya la había oído antes. “No podía moverme, y mi conciencia se estaba disipando, cuando escuché lo que pensé que seria otro oso, y una lucha por ver quien se quedaba con mi cadáver, supuse. De repente sentí como si volara. Me imaginé que había muerto, pero intenté abrir los ojos de todos modos. Y entonces la vi -” Su rostro parecía incrédulo ante el recuerdo; yo le comprendía completamente, “– y supe que estaba muerto. Ni siquiera me importaba el dolor – luché por mantener mis párpados abiertos, no quería perderme ni un segundo el rostro del ángel. Estaba delirando, por supuesto, preguntándome por que no habíamos llegado al cielo aún, pensando que debía de estar más lejos de lo que yo había creído. Y entonces me llevó ante Dios.” Él rió con su risa profunda y atronadora. Yo entendía perfectamente qué alguien hubiese pensado aquello. “Pensé que lo que ocurrió a continuación era mi juicio final. Había tenido un poco de demasiada diversión durante mis 20 años humanos, así que no me sorprendieron las llamas del infierno” Rió de nuevo, aunque yo me estremecí. El brazo de Edward me rodeó con más fuerza de forma inconsciente. “Lo que me sorprendió fue que el ángel no se marchó. No podía entender como algo tan hermoso podía estar en el infierno junto a mí – pero estaba agradecido. Cada vez que Dios venia a echarme una ojeada, yo temía que se la llevase, pero nunca lo hizo. Comencé a pensar que quizás esos predicadores que hablaban de un Dios piadoso tenían razón después de todo. Y entonces el dolor desapareció…y me lo explicaron todo. Les sorprendió lo poco que me afectó todo ese asunto de los vampiros. Pero si Carlisle y Rosalie, mi ángel, eran vampiros ¿Cómo podía ser tan malo ser aquello?” Yo asentí, completamente de acuerdo, mientras él continuaba. “Tuve unos cuantos problemas con las reglas…” rió entre dientes. “Tenias las manos llenas conmigo al principio, eh?” el empujón juguetón de Emmett al hombro de Edward nos balanceó a los dos. Edward dejó escapar un leve gruñido sin apartar la vista de la televisión. “Así que ya ves, el infierno no es tan malo si consigues mantener a un ángel a tu lado” me aseguró de forma traviesa. “Cuando él consiga aceptar lo inevitable, te irá bien” El puño de Edward se movió tan rápidamente que no ví lo que golpeó a Emmett lanzándole sobre el respaldo del sofá. Los ojos de Edward no se apartaron de la pantalla. “¡Edward!” le reprendí, horrorizada. “No te preocupes, Bella” Emmett estaba sereno, de vuelta en su asiento. “Sé dónde encontrarle” Miró por encima de mi hacia el perfil de Edward. “Tendrás que hacerlo alguna vez” advirtió. Edward a penas si gruñó de nuevo como respuesta sin alzar la mirada.

CAPITULOS BORRADOS DE CREPUSCULO

Pues como muchos sabes hay unos capitulos q fueron editados d la serie d crepusculo alguno son d crepusculo y otros d luna nueva ya se los pongo para q los lean q estan buenisimos!! XD